“Los sueños personales están muy ligados a los del entorno”

Edición: 
784
Entrevista inédita con Roberto Fontanarrosa

Carlos del Frade
(desde Santa Fe)

Fue el más rosarino de los argentinos y el más argentino de los rosarinos. El último gran escritor popular y el único que fue despedido entre centenares y centenares de anónimos, privilegio que es difícil empardar en la historia argentina, semejante adiós a un artista. La mañana de último chau, la ciudad estaba triste, de hombros caídos. Tampoco hay muchos registros de momentos similares en la crónica social de los últimos 50 años en estos arrabales del mundo. Lo que sigue es una entrevista realizada en su estudio en el año 2003 y tuvo como destino un canal de cable de la ciudad de Santa Fe. Fue un recorrido que empezó en sus dibujos para la revista Boom y que terminó en ilusiones sobre su hijo músico y adolescente. Habrá que leerlo en las escuelas, en las canchas, en los hospitales, en los centros comunitarios y en donde haga falta la palabra bulliciosa capaz de arrancar sonrisas y abrir corazones a pura ternura. Ojalá que varios lugares lleven su nombre. El único intelectual del pueblo reconocido por las mayorías del pueblo. El más grande escritor argentino que había con vida, aunque bufen los eunucos.

–¿Qué era la ciudad para vos cuando hiciste aquella tapa negra de la revista Boom sobre “La Batalla de Rosario”, sobre el primer Rosariazo?
–Es un poco difícil cómo tomaba yo la ciudad. Fue muy importante todo ese período en lo personal y en lo profesional. Venía de no haber terminado la escuela secundaria, de haber entrado en publicidad y de hacer un trabajo y hasta te diría de hacer una vida muy aislada y ajena a lo que ocurría alrededor mío. De pronto encontrarme con un grupo de gente que tenía mucha información, que estaba muy pendiente de la información, y estoy hablando de Rodolfo Vinacua, el Negro Ielpi, Juan Carlos Martín, Esvén Segovia, Carlitos Salvi… Ellos produjeron en mí un cambio. Fue empezar a darme cuenta que no se reducía todo a dibujar o a una página de historieta, la publicidad o el fútbol. Fue un descubrimiento para mí. El Rosariazo obligaba a saber qué pasaba por lo menos para saber por qué te iban a romper la cabeza por la calle. Boom fue fundamental desde lo técnico, profesional, pero fue como un descubrimiento de todo un entorno y la integración a un grupo humano que se armó de casualidad pero que después de los acontecimientos hizo una revista que quedó casi como emblemática de Rosario porque no se ha repetido ese fenómeno.

–La revista, lo editorial, te dio otra perspectiva.
–Lo que para mí resultó fue advertir que había una actividad por fuera de la publicidad, que era un rubro que a mí me había sido ajeno y después francamente me gustó, me gusta, en el aspecto creativo, pero indudablemente uno trabaja con una gran cantidad de límites que te los da el producto. En cambio en todo el aspecto editorial, más allá de las limitaciones de la directiva de la revista, encontré que se elevaba mucho más el techo de las posibilidades y era lo que realmente me gustaba. Yo ya había advertido que podía ganarme la vida con el dibujo, ya sea con la publicidad o con otra cosa. Pero esta parte editorial me atrapó y me gustó más.

-¿Ya venías trabajando con el humor?
-Con el dibujo hay muchísimas alternativas de cambio porque primero que yo de chico quería hacer dibujos de historietas de aventuras serias, no de humor. Empiezo a incursionar en el humor a través de la publicidad, haciendo tarjetas de navidad o para fin de año de tinte humorístico. No tenía un estilo en la historieta de humor. Tal vez en la historieta provenía de toda la línea de Hugo Pratt. En el humor no, leía Patoruzú, me fijaba en Quino, pero no los copiaba. En los primeros dibujos de la revista Boom tuve que improvisar un estilo y ahí le saqué un poco a Garaycochea, le saqué un poco a Battaglia que dibujaba Don Pascual en el Patoruzú y armé un perfil que parecía de alambre al punto que no lo firmaba Fontanarrosa porque era tan largo el apellido que gráficamente tenía más peso que los dibujos. Firmaba con mis iniciales. Después sumé más elementos, más complejo, fue toda una época de cambio, fue toda una investigación.

–¿Y cómo era la relación tuya con la ciudad, con el país?
–Uno tenía una relación por la época… Era una ciudad más barrial, aunque viví en el centro durante toda mi infancia y adolescencia, en el edificio Dominicis, de Catamarca y Corrientes. Pero aún así no había tantas medidas de seguridad que tomar, se dejaban las puertas abiertas, no era una ciudad peligrosa. Después la cosa se revierte al punto de tragedia con la dictadura militar. La ciudad y el país eran más pequeños, no había la llegada de los medios masivos que nos conectaron con todo el mundo y que uno empieza a tener noticias inmediatas de cosas que pasan fuera del país. Era algo más acotado o si se quiere yo vivía en un mundo mucho más acotado. Lo mío era el trabajo, el fútbol, comprar revistas de historietas, ir al cine -había tantos cerca de mi casa- pero la sensación era de una ciudad y un país más pequeños.

–¿Por qué son tan populares Inodoro, Boogie y la Hermana Rosa?
–De los tres personajes seguramente Boogie es el que menos difusión tiene y ha tenido por las características del personaje que tal vez requiere más información a pesar de que la intención mía es hacer una especie de crónica de la violencia en las grandes ciudades, pero eso lo llevó a no publicar en medios realmente masivos. Publicó en la revista Humor cuando alcanzó tirajes importantes, pero nunca en diarios. Pero no era un personaje publicable en diarios. Siempre tuvo sus seguidores y entusiastas y mucha difusión en países con historias violentas como Colombia, por ejemplo, y México. Pero acá, indudablemente, los personajes son Inodoro y Mendieta porque es otro enfoque, más divertido y ha salido mucho tiempo en Clarín, un diario muy masivo. Ahora se dio un costado novedoso con la salida en el diario La Capital. Hay mucha gente que lo descubrió y que me llegó a preguntar si lo hacía todos los días. Ni loco. No me da la cabeza, no me da el bocho. Ni siquiera cuando me lo pidieron semanal. Lo hice una vez en la revista Siete Días, dos páginas, pero el planteo no era un chiste por cuadrito, sino historias largas. Pero el formato, la tirada de la revista Viva, los domingos con Clarín, es realmente grande y el personaje se hace popular. Y en el caso de la Hermana Rosa, surgida casualmente, está unido al fenómeno del fútbol y eso lo hace enormemente popular. Se une que se publica en Clarín, siguiendo a la selección Argentina y la temática del fútbol, tiene la curiosidad de aquello que todos los periodistas quisieran hacer y no lo hacen por criterio que es no aventurar el resultado de los partidos antes de los encuentros. Pero también fue un personaje que apareció sin haberlo pensado. No sabía cómo iba a encarar las tiras escritas de Clarín con respecto a la selección cuando fui al Mundial de Estados Unidos. Y empecé a meter personajes hasta que apareció una mentalista rosarina y después me preguntaban qué dijo la Hermana Rosa y fue quedando a juzgar o midiendo la repercusión que pudiera tener. Inodoro es un personaje divertido en una publicación masiva.

(Más información en la edición gráfica de ANALISIS de esta semana)

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